CAMINO DEL NORTE | RUMBO A SANTIAGO

«El Camino está por encima de la política o el fútbol»

  • POR ISOLINA CUELI

El Fielato y El Nora, 02 Diciembre 2017

Camino-del-norte-peregrinos-Santiago Marc, derecha, Pablo y Jorge a su paso por Tornón, con la ría de Villaviciosa al fondo.

Camino a Santiago por el Norte

 

Los encontré a principios de otoño en Sebrayo, compartiendo camino y viandas alrededor de una mesa en una tarde soleada. En su conversación no había sitio ni para la política, ni para el fútbol. Son tres españoles, minoría en el Camino de Santiago, que disfrutan del descanso y reponen fuerzas para la nueva jornada.

Jorge García, madrileño de 31 años, es el que va más fresco, pero lleva una mochila muy pesada, impropia para un peregrino. Su mochila mental también le pesa. Quiere soltar lastre y aligerar sus pensamientos y sus sufrimientos. Purificar su pasado y encontrarse consigo mismo. Salió de Llanes y es nuevo en estas andanzas. Lleva su propia tienda de campaña y no suele pernoctar en albergues. Le gustaría trabajar en el Camino ofreciendo masajes a sus compañeros de fatigas. Un trabajo que hace en Madrid desde los 19 años. Medicina alternativa y música: canta y toca la flauta. También le gustaría formar una familia y parece que la compañera para conseguirlo está en Llanes.

Marc Boschdemont es catalán, de 30 años. Trabaja como mecánico de coches en Girona y está haciendo el camino por partes. Salió de Irún el año pasado y llegó a Requejada, en Cantabria. Este año retomó ahí el camino y la meta es Gijón. En 2019 piensa acabar su periplo. En el albergue de Sebrayo recibió un masaje de Jorge García, al que había encontrado en etapas anteriores. A cambio le pagó la estancia en el albergue y esa noche el madrileño no desplegó su tienda de campaña y durmió en una cama. A pesar de la refriega mediática y política del exterior, en el Camino, la solidaridad y el compañerismo están por encima de otras escaramuzas. Marc necesita salir una vez al año de la rueda del trabajo y la sociedad de consumo para encontrar el humanitarismo. “Aquí se ve más cómo es la gente, fuera hay más postureo”, dice el joven catalán que no quiere pronunciarse sobre temas políticos. Está soltero y tiene novia. Dice que vuelve a casa con las ideas claras y que el Camino, a pesar de su dureza, siempre merece la pena.

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Marc, Pablo y Jorge con otro peregrino danés.

Pablo Fernández nació en Gijón hace 38 años, separado, vivió en Alicante y ahora en Valladolid, a donde se trasladó para estar más cerca de su hijo de 10 años. Trabaja como operario de la industria del automóvil, pero también fue militar en la COE, Compañía de Operaciones Especiales. Cuando se le pregunta el motivo de su Camino dice que se le acabó un contrato de trabajo e intenta resetear su vida y hacer un camino introspectivo. Como ciudadano del mundo, no es nuevo en la peregrinación. Ya hizo el Camino francés y parte del Primitivo, desde Oviedo. Muy espiritual y muy religioso, Pablo también caminó en India, cerca de Delhi y en el delta del Ganges.

A los tres les llama la atención la lucha que existe entre los peregrinos por encontrar una plaza en los albergues, hospedajes en los que no se puede reservar con antelación y todo se adjudica por orden de llegada.  Entonces, la clave está en madrugar mucho, afirman, y creen que esa dinámica de estrés y de competencia, en la que no participan, a riesgo de quedar sin alojamiento, no está en consonancia con el peregrinaje.

¡Buen camino!

 

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