El Fielato | OPINIÓN

El matadero me mata

  • Me gustaría pedir a nuestros responsables políticos que le den a la Mancomunidad un final tan digno como se merece

Ha llovido mucho en el Matadero Comarcal: impago a los trabajadores, incumplimiento en la realización de los trabajos de mantenimiento establecidos en el contrato con la Mancomunidad, orden de supresión del servicio por parte del ente supramunicipal... Bien, pues con semejante chaparrón, no me explico cómo Frigoríficos del Nalón sigue gestionando el macelo de la Comarca. Está claro que la justicia no es igual para todos, o que unos tienen más agarraderas en las altas esferas que otros. El gerente se ha reído de políticos y sindicalistas en su cara sin que nadie -Justicia o Cuerpos de Seguridad) le metiese un puntapié legal y lo mandase a la Cuenca, que es lo que nos apetece a muchos vecinos.

Marcos Gutiérrez Escandón -alcalde de Parres y actual presidente de la Mancomunidad- ha recibido la patata caliente que ha pasado de dirigente en dirigente sin que nadie pudiese resolver absolutamente nada. Recuerdo cuando Álex Reimóndez (ex mandatario del ente y ex regidor de Ribadedeva) se sentía impotente porque el tiparraco se aferraba a las más variopintas y retorcidas estratagemas legales.

Soy de la opinión que a todo cochino le llega su samartino, un gran proverbio que viene muy al caso en estos menesteres de matarifes. Estoy convencida de que este señor, más temprano que tarde, acabará bien lejos de nuestro matadero. También es cierto que me preocupan otras cuestiones. Con una Mancomunidad de Municipios del Oriente de Asturias que camina hacia su disolución -de hecho, es precisamente el asunto del macelo el que mantiene con vida la entidad- ¿Qué futuro le espera a las instalaciones?

Actualmente, cuenta con una plantilla de siete personas. Espero, por su bien, que el interés de algunas empresas por hacerse con el servicio o las instalaciones fructifique. Deseo también que los miembros de la Mancomunidad (concejales y alcaldes de la Comarca) dejen las cosas bien atadas antes de echar el cierre al ente. Sólo nos faltaba salir de Guatemala para meternos en Guatapeor, que el complejo termine en manos de otro canchanchán al uso. Me gustaría pedir a nuestros responsables políticos que le den a la Mancomunidad un final tan digno como se merece: una solución digna y provechosa al que ha sido su mayor desvelo de los últimos años.

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