SIERO | ESTAMOS DE CARMÍN

El pregonero apuntó que «Este año me voy a desquitar del tiempo perdido»

  • Festejos nombró al pregonero socio de honor

El Fielato y El Nora, 18 Julio 2014

Venta, "el del Ferradal", como también se le conoce, rememoró  su infancia y juventud, «unos años muy felices», tal como aseguró quien fue de chaval  un enamorado de jugar en la calle.

Recordó los años que subió al prau con la charanga Los Domingueros, compuesta por niños y jóvenes, que hacían la competencia a Los Pepitas y a los Cascaos.

Agradeció a sus padres y toda su familia sus años vividos en su pueblo, del que se fue para abrirse hueco en el deporte rey, pero siempre sin olvidarse de sus origines y de La Pola, adonde regresa todos los años por esta celebración, ahora que ya está retirado. «Este año me voy a desquitar del tiempo perdido» y apuntó que inculcará a sus hijos su pasión por La Pola y sus fiestas. Además, se definió como «poleso de corazón».

Venta fue el encargado de encender el chupinazo de las fiestas en un día especial para él, en el que Festejos  también le nombró socio de honor durante la cena  que tenía lugar después en el restaurante El Lóriga. 

La celebración continua y mañana sábado hay exhibición de deporte rural, regata en el río Nora, Festival Internacional de Folclore María Campo y música en la calle.

El domingo habrá misa y procesión en honor a la Virgen del Carmen, que finalizará con la Danza Prima.

El gran día de la celebración es el lunes, con la Romería de Asturias. A las 17 h comenzará la subida a los campos de La Sobatiella desde la Plaza de Les Campes.

Pregón:

Excelentísimo señor Alcalde y miembros de la corporación municipal, señor presidente de la Sociedad de Festejos, Reina de las fiestas, socios pocos, ¿verdad Genaro?, colaboradores, amigas y amigos, polesas y polesos, queridos familiares - papá, mamá, Patri, Joel y Valeria -, público y participes en este evento:

A todos, muchas gracias por estar aquí, por apoyar las fiestas del Carmín y por acompañarnos en este día, que para mi familia y para mí es especialmente señalado, pues constituye un gran honor ser pregonero de las fiestas de mi pueblo.

Os puedo asegurar que en este momento estoy más nervioso que cuando jugaba en el Bernabéu ante ochenta mil personas…, y es que este momento es como un repaso emocionado de toda mi vida asturiana, y sobremanera polesa.

Estoy especialmente agradecido de que hayáis pensado en mí para dar el Pregón de las Fiestas del Carmín, porque me da la posibilidad de hacer un sentido y humilde homenaje público a mis padres, que me construyeron como persona, inculcándome unos valores, un sentido del respeto y una educación de la que me siento orgulloso, y que hoy puedo transmitir a mis dos hijos.

Ahora que soy padre, valoro aún más y soy más consciente del esfuerzo de mis padres en la Tienda de El Ferradal para que a mis hermanos y a mí nunca nos faltara de nada. Fue un esfuerzo callado, discreto, cariñoso, como si no fuera tal, haciéndonos sentir como normal lo que tal vez era excepcional. Por eso desde aquí, hoy y siempre, muchas gracias mamá, muchas gracias papá.

Tras mis padres, agradecer la suerte de que en mi vida apareciera Patri. Gallega de nacimiento pero que siempre ha respetado mis orígenes y tradiciones asturianas. Gracias por tantos buenos y malos momentos en común y sobre todo y especialmente gracias por poder compartir contigo las personas más importantes de mi vida, los mejores goles que jamás pudiera meter, nuestros hijos Joel y Valeria.

El día que Genaro me llamó para darme la noticia de que la Junta Directiva me había elegido para dar el pregón, me invadieron de pronto dos sentimientos: uno de gratitud y otro de reto. Pensé: ¡Díos mío! ¿Qué voy a contar? Consciente de mis limitaciones y de que tampoco soy el más letrado del pueblo, me dije: “Javi, esto requiere una presentación digna y a la altura de las circunstancias…”, y a continuación me invadió una sensación de alivio, porque mi corazón me dictaba de inmediato que lo más adecuado era ser natural y mostrarme tal como soy.

¿Y sabéis que lo que me gustaría más de esta oportunidad? Que conociérais un poco más no a Javi Venta sino a Javi el del Ferradal, que es el verdadero, y que es el poleso de corazón y de vivencias. El chaval de la Pola de toda la vida, que un día por circunstancias tuvo que irse fuera para desarrollar su carrera deportiva en el fútbol, pero que nunca se olvidó de sus orígenes, de su familia, de sus amigos…Precisamente se me viene a la cabeza ahora una anécdota que resume este sentir: Un día le dijeron a mi padre, “Oye tú eres el padre de Javi Venta ¿no?”, y él respondió convencido: no él ye el fiu de Pepe el del Ferradal…”.

Aparte de conocerme como Javi el del Ferradal tengo que decir que tuve más motes Javirulo o elviritu por ser los más conocidos. Luego están los que tuve por culpa del mechón de pelo: Gremblin malo  o nocillu sobre todo. La verdad que cuando me salió el mechón yo tenía 8 años y lo pase francamente mal. Estuve hasta intentando quitarlo al principio, me peinaba con flequillo para que se viera lo menos posible. Estaba bastante acomplejado, pero lo que peor llevaba era cuando estaba en el ferradal ayudando a mis padres (normalmente en verano y por no sacar buenas notas) y le decían a mi madre: “Conchita ¿que le paso al tu fiu en el pelo?”. Mi madre me cogía por el brazo me acercaba a la señora me levantaba el pelo y le decía nada, falta de pigmentación. Ese momento lo llevaba fatal pero a día de hoy me río con ello y no tengo problema. Es más, cuando tenía nuevos compañeros en el equipo siempre se creían que esto lo ponía yo en la peluquería.

Y así es, la vida y los pequeños éxitos que haya podido conseguir, creo que afortunadamente no se me han subido a la cabeza, porque además he tenido la inmensa suerte de contar con personas a mi lado como mis padres o como Patricia, mi mujer, que siempre me han hecho tener los pies muy en la tierra, esa tierra que me vio nacer y crecer como persona y como deportista, y que hoy me honra con la lectura de este pregón y, lo que es más importante, con vuestra presencia y con vuestro cariño.

Esta tierra, la Pola, cuyo nombre y recuerdo he llevado siempre conmigo. He sentido en todas las ocasiones un enorme orgullo de poleso, con las personas y compañeros de todas las nacionalidades que tuve oportunidad de tratar en mi carrera deportiva. Veréis: recuerdo una vez, una de tantas, que estaba tomando un café en una concentración con un argentino, un andaluz y un francés, y éste me pregunta, “Oye Javi, y tú, ¿De dónde eres? Y digo yo: “Yo, de Pola de Siero”, “¿y eso dónde está?”, me respondió. Entonces voy yo y le digo, “Pues mira en el Centro de Asturias, entre Oviedo y Gijón donde hay una gente muy fiestera, tanto que hay una romería única, la del Carmín de la Pola, a la que tenéis que ir sin falta…”.  Tal fue la figura de embajador, que nunca faltaron comentarios como “mira el de la Pola como corre” y me viene a la memoria una vez jugando en el Molinón contra el Sporting bajo las ordenes de Javier Clemente con todos mis amigos y mi familia en la grada, en el minuto 75 va y me dice “Anda Polesu sal a calentar para que te vean los amigos”. Pues sí señores, soy Polesu y con mucho orgullo.

La verdad es que le debo mucho a la Pola. Aquí tuve una infancia muy feliz, fui un niño inquieto y despierto, al que le encantaba jugar en la calle, y entonces no había ningún peligro. Crecí con total libertad, y como estudiar no me gustaba demasiado – aunque gracias a mis padres lo fui compaginando como pude con el fútbol -, pues mi vida era el deporte y el juego al aire libre. Tanto fue así que mi madre Conchita sé que guarda decenas de recuerdos y anécdotas de mis travesuras porque era muy habitual que alguien llegase a la tienda diciendo que había roto un cristal, o un balonazo a otro niño, o que había tirado un globo al agua…”Y ¿Quién fue?...Pues ¿quién iba a ser? El pequeñu del Ferradal. Y lo del Ferradal viene por parte de mis abuelos paternos. Es una quintana que está en Samartino, para quien no lo conozca, donde se vivía de matar cerdos, hacer chorizos y donde nos hemos reunido y seguimos reuniéndonos la familia y los amigos. Hoy está aquí presente mi abuela que, con 94 años, ha hecho el esfuerzo de venir a verme y puede dar fe de lo que estoy hablando. Desde aquí: “Güelita, gracias por todo”.

Recuerdos de infancia que hoy saboreo con especial gusto, y entre ellos, como no, está mi paso por el Romanon. Hasta los dieciocho años estuve allí jugando al fútbol, y gracias a aquella etapa de mi vida tengo grandes amigos y muchas vivencias. Me acuerdo de cuando no había vesturarios; y después cuando los había las duchas con agua fría, de apenas tener luz o de llevarle algún que otro saco de arena a mi madre en la ropa. De eso el señor Alcalde se acordará.  Puedo deciros que aquellas dificultades no hicieron más que consolidar mi vocación futbolística. Por eso hoy quiero lanzaros un mensaje especialmente dedicado a los niños que hoy jugáis en el Romanón: si os gusta y amáis de verdad el fútbol, que nos os desalienten las dificultades, luchad con convicción e ímpetu para conseguir vuestros sueños. Os aseguro que a veces se hacen realidad… Aprovecho este momento en que estamos hablando del deporte en la Pola y ahora que tengo más tiempo libre me brindo y quedo a vuestra disposición para apoyar cualquier evento o actividad relacionada con el mismo.

Así fueron pasando los años, hasta que tocó levantar el vuelo… Muchas veces, cuando estoy tranquilo, pienso en todos los carmines que me perdí por el trabajo y me da pena, porque el recuerdo que tengo de los que viví es inmejorable e imborrable.

Uno de ellos es la subida al prau con los pepitas, los cascaos y los domingueros. Mucha gente no se acordara o no sabía que existían tres charangas esta ultima la cual creamos los amigos del parque cuando teníamos entre 10 y 12 años. Estaba formada por varias generaciones de amigos que jugábamos en el parque todos los días. Subíamos haciendo ruido con el típico churrasco de fiestas y la camiseta blanca con el dibujo de franquestein escanciando sidra. Todavía hay alguna camiseta por casa de recuerdo de aquellos tiempos. Y la bajada del prau disfrutaba como un enano pidiendo agua. Me acuerdo que empezábamos la bajada con mis amigos y luego en el ayuntamiento ya solo estaba con 1 o 2, mientras tanto me juntaba y saltaba con gente que ni conocía pero daba igual lo importante era que me cayeran encima el máximo calderos de agua. Luego había que pasar por el estanque de los patos en el parque y terminando en la piscina. Ahí ya valía todo, hasta tirarse del trampolín grande. De nuevo ahí era donde volvías a encontrar a los amigos con los que habías comenzado la bajada. Y alli quedábamos hasta que llegaba la policía y entonces era cuando había que echar a correr. Esos mismos amigos que 20 años más tarde, con más barriga y menos pelo, nos seguimos juntando para hacer la merienda del Carmín. Una de las cosas más bonita del carmín es que han pasado muchos años desde la primera vez que he subido al prau y todavía hoy cuando voy a volver a subir lo sigo haciendo con los mismos amigos y con la incorporación de nuestras mujeres. Es un tema que he hablado con compañeros de fútbol  y se asombran de que siga manteniendo contacto con amigos de la infancia ya que ellos no mantienen contacto con casi ninguno. Yo creo que es porque, aparte de tener buenos amigos, me consideró muy polesu, sino creo que poco a poco todo eso lo iría perdiendo.Me acuerdo cuando traía a las fiestas algún compañero del equipo. Os podéis imaginar como podía terminar el día. Lo que siempre ocurría con el primer culete era que se los echaban y mojaba los labios y claro mis amigos:  “¡no, no! tienes que beberlo del tirón” y, claro, él no se lo creía hasta que nos veía a los demás hacerlo. Siempre recordaré uno que se vino arriba y no dejaba pasar ningún culete. El que escancia la sidra, siempre va a ir por el nuevo, pues a las 10:30 de la noche me lo tuve que llevar para casa de mis padres porque se puso malísimo, yo evidentemente volví para la calle a seguir con la fiesta.

Hoy me gustaría aprovechar para sincerarme y agradecer a mi hermano Manu cuando en uno de mis primeros carmines de juventud, en el cual yo llegue a casa con un poco más de sidra de la cuenta, con la suerte de que cuando llegue no estaban mis padres. Me acosté en la cama y os aseguro que parecía que me había subido a un barco, hasta que, claro tuve que vomitar. Pero no creáis que se me ocurrió limpiarlo me volví a acostar como si nada.  Suerte de que el siguiente que llegó fue mi hermano que con fregona en mano tuvo que empezar a limpiar antes de que llegarán mis padres. Ahora si, os aseguro que mi hermano ejerció de padre porque al día siguiente me echo una bronca que todavía hoy recuerdo. Gracias, Manu, tenías toda la razón.

Mi padre también recordara por estas fiestas las veces que estaba jugando la partida en el bar y aparecía yo por allí. Papa: ¿me puedes dar algo más de dinero para las fiestas que quiero salir y comprar algo?. Mi padre con la partida empezada y lleno de amigos jugando con él, le decían: PEPE dai algo al tu fiu que son les fiestes. Yo sabía que era uno de los sitios donde podía conseguir algo de dinero por la presión que tenía de los que jugaban con él, estaba a mi favor.

La buena noticia es que, a partir de ahora, que he dejado de jugar, espero no perderme ninguno. El más reciente que viví fue hace tres años, cuando no encontraba equipo  (o mejor dicho, cuando no me quería nadie), y como contrapartida pude disfrutar de un Carmín, y sobre todo el lunes fue una auténtica pasada, estuve hasta que el cuerpo me dijo ¡Basta Javi!. Madre del alma, no recordaba tanta gente por la Pola desde hacía mucho…

Otra cosa que recuerdo siempre del carmín fueron los torneos de fútbol y baloncesto en la jaula del parque. ¡¡ Qué ambienté sano se vivia con diferentes generaciones de la pola!!, pero con un único objetivó: pasarlo bien. Ahí daba igual el deporte, mis amigos y yo éramos de fútbol pero también nos apuntábamos al campeonato de baloncesto. Creo que el parque con tanta gente jugando y viendo los partidos será difícil que vuelva a ocurrir.

Una actividad que me gustaba mucho y que se sigue realizando es el cine que se montaba en el parque. Este nos permitía llegada la noche ver una película al aire libre y poder regresar a casa cerca de las dos de la mañana. Era un crio pero mis padres nunca me dijeron nada porque sabían lo que estaba haciendo.

Como ya os comenté al principio, me siento muy orgulloso de mi familia y de que hoy estén aquí a mi lado. Y aunque mis hijos no nacieron en la Pola por circunstancias de mi trabajo, me gustaría que disfrutarán de ella y del Carmín tanto como yo lo hice siempre que pude. Eso sí, lo primero que hice hace unos años fue vestirlos con la indumentaria típica del carmín: Pantalones vaqueros, camiseta blanca y el pañuelo azul. Al igual que cuando venimos para los Güevos Pintos los vestimos de asturianos, para que tuvieran su bautismo de asturianía, como yo tuve el mío de pequeño: tenemos en la entrada de casa de mis padres una foto en la que estamos mis hermanos y yo vestidos de asturianos. Somos como los Dalton. Todavía es el de día de hoy que cuando llega algún amigo y la ve se muere de risa…la verdad es que está muy simpática y entrañable…

Así que este año me voy a desquitar del tiempo perdido y pienso llevar a mis críos al prau el máximo tiempo que podamos Patri y yo, teniendo en cuenta que son muy pequeños. Pero si que me voy a desquitar de tantos carmines en que llegaba el lunes del Carmín, y yo pasando muchísimo calor en la pretemporada y padeciendo por Villarreal, y mientras tanto, aquel teléfono que no paraba de sonar: “Qué Javi, ¿onde andes? Esperámoste por dónde El cafetín. Y, así, año tras año, con el mismo cachondeo, y yo muerto de envidia por no poder estar en la Pola…Hasta que decidí no cogerles el teléfono…para no sufrir tanto la ausencia. Aunque yo sé que realmente, lo que más echaban en falta los amigos era la sidra casera que llevaba y sigue llevando mi hermano Miguel, que aunque es muy viajero, para el Carmín siempre vuelve. Año tras año guarda para esta ocasión unas botellas de sidra dulce que fue y sigue siendo la delicia de las chicas.

Os aseguro que una de las decisiones más difíciles de mi vida fue irme a jugar fuera de la Pola cuando tenía veinte años. Aquello suponía dejar todo: familia, amigos…todo. Los primeros meses fueron muy difíciles y en más de una ocasión se me pasó por la cabeza volver para la Pola, porque en la categoría que estaba tenía equipo en Asturias…Sin embargo, aunque fue muy duro, no me arrepiento porque el estar fuera también me ha servido para valorar en su justa medida lo de dentro, sobre todo a la familia y los amigos, con los que me siento a las mil maravillas cada vez que vuelvo a casa.

Hoy, precisamente hoy, representa una de esas dulces sensaciones en las que vuelvo a casa para deciros gracias, muchas gracias por todo lo que me habéis dado y por haberme hecho como soy, por tener la familia que tengo, los amigos que tengo, los vecinos que tengo, los seguidores que me habéis apoyado a lo largo de mi carrera.

Espero que hoy me hayáis conocido un poco mejor, yo desde luego os llevaré siempre en el corazón.

Queridos amigos:

Os deseo lo mejor. Os deseo un Carmín inolvidable. Os deseo toda la felicidad del mundo compartida con vuestros allegados.

Deseo un Carmín 2014 único. Un Carmín que brille con luz propia, como la mejor romería del mundo, como la espicha más grande al aire libre del mundo, como una cita de asturianía y amistad como pocas.

Podéis contar conmigo como un polesu militante, con Javi el del Ferradal. ¡Por fin, he vuelto a casa por el Carmín!

¡Salud y felicidad para todos!

¡Viva el Carmín!

¡Viva La Pola!

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