opinion | ISOLINA CUELI

África, el vecino incómodo

  • Según los científicos, el primer humano salió de África, así que les debemos hasta la especie
Mercedes Arbesú en África. Mercedes Arbesú en África.

Somos los vecinos más cercanos del continente africano y aún es el gran desconocido para nosotros, aunque ellos sí saben bien donde estamos y cómo vivimos. Nos quieren imitar y por eso se esfuerzan en saltar las vallas y los muros que les ponemos.

Según los científicos, el primer humano salió de África, así que les debemos hasta la especie, pero nos empeñamos en darles la espalda y cerrarles la puerta.

Hay excepciones en casos de algunas empresas que saben del potencial africano y empiezan a producir en esa tierra y, de paso, a crear trabajo sobre el terreno. También nos acordamos de África en momentos de Cooperación Internacional y ayuda al desarrollo. Son migajas, pero llegan. Los que también llegan y permanecen son los misioneros, que echan raíces como las del baobab y ya no son capaces de dejar el continente.

Hoy quiero escribir sobre mi amiga Mercedes Arbesú (Santa Marina, Siero, 1964). Mercedes es una periodista que nunca dejó de escribir -ahora en su blog El silencio del baobab: mercedesarbesu.com-, pero sí abandonó las redacciones por la vida religiosa y desde hace casi veinte años pertenece a la congregación de las Hermanas de María Mediadora. Pasó la mayor parte de este tiempo en África, en concreto en Malawi, un país pobre del Sur, que aquí ni nos suena, pero que existe y este año pasará hambruna, una vez más, a causa de las malas cosechas.

Mercedes sí conoce Malawi y sabe que será muy difícil que superen la miseria. Saldrán en el momento que apuesten seriamente por la educación. Estos países se la juegan con la educación, afirma la misionera asturiana. Es un círculo vicioso que describe muy bien Paul Collier en su libro El club de la miseria, donde cuenta qué falla en los países pobres y cómo se podría corregir.

Mercedes vive el día a día de la pobreza como superiora regional en Malawi y trabaja en la misión de Lilongwe, la capital. También tienen un hospital en Mlale y la misión para huérfanos en Chezzi.

En su caso, están centradas en contribuir a que puedan estudiar 75 niñas y jóvenes de barrios marginales, a las que ofrecen un internado próximo al centro escolar. Un programa financiado por la organización Mujeres por África y tiene como efecto colateral evitar muchos matrimonios de adolescentes. Las familias optan por buscarles marido para librarse de una boca en la casa. Si la niña está en un internado y no es una carga, no se preocuparán en casarla. 

El programa Sunrise -amanecer, en castellano-, ayuda a un grupo de ancianos. Les ofrecen una comida caliente una vez a la semana, una especie de fariñes muy nutritivas que llevan cacahuete, aceite, leche, azúcar y soja, entre otros ingredientes, y les dan alimentos para llevar.

En esta misión también tienen huerta, su gran despensa para alimentar tantas bocas. El agua de riego, almacenada en un gran aljibe, aprovechando la época de lluvias, la consiguen gracias a un proyecto financiado por Manos Unidas de España. De momento, lo que le espera a una buena parte de la población es una terrible hambruna. 

(Aprovecho para felicitar al equipo de Manos Unidas de Villaviciosa que se dejan la piel y  muchas horas de su tiempo en el mercadillo que organizan cada año para conseguir los euros que financian programas de cooperación. Es otra forma de ser misionero o misionera).

 

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