opinion | FRANCISCO JOSÉ ROZADA

Covadonga y Frassinelli

  • Cuando el obispo Benito Sanz y Forés llegó por vez primera a Covadonga, a finales de julio de 1872, le acompañaba el deán Benigno Rodríguez Pajares, “Payarinos”
Roberto-frassinelli Segundo proyecto de Frassinelli para Covadonga.

Covadonga Centenarios 2018

 

A lo largo de los siglos Covadonga pasó por muchas vicisitudes, pero de manera especial por interminables periodos de abandono. Examinando los elementos que confluyen en el santuario podemos aclarar la enormidad de su carga significativa.

Detengámonos hoy en un personaje muy relevante, aparecido en escena cuando el santuario comenzó su puesta a punto histórica, popular y monumental.


Cuando el obispo Benito Sanz y Forés llegó por vez primera a Covadonga, a finales de julio de 1872, le acompañaba el deán Benigno Rodríguez Pajares, “Payarinos”, quien contó después la penosa impresión que había causado al obispo el lugar, en el más absoluto abandono, el cual tomó de inmediato la decisión de convertir a Covadonga en un punto de atracción religiosa como centro de peregrinaciones. Allí conoció al polifacético personaje Robert Bartholomäus Carl Frassinelli, nacido en la cortesana y tradicional ciudad alemana de Ludwisgburg, el 23 de mayo de 1813. Había cursado estudios universitarios de química, botánica, zoología, anatomía, fisiología y cirugía; es probable que cursase también artes, leyes y lenguas clásicas y modernas, lo que en España se consideraba un “hombre sabio”. Tras su estancia de diez años en Madrid, llegó a Asturias muy posiblemente como intermediario en la compraventa de bienes de los monasterios desamortizados -especialmente libros- en Corias, Valdediós, San Francisco de Avilés, San Pedro de Villanueva y otros, mientras reproducía en sus dibujos monumentos  y restos de arquitectura medieval, con una minuciosa fidelidad. Cierto es que Menéndez Pidal le acusó de sacar de España algunos códices de gran valor.

¿Cómo llegó Frassinelli a Asturias en 1854? Cuenta Mª Cruz Morales Saro en la extensa y documentadísima biografía que publicó sobre Roberto Frasinelli (ediciones Silverio Cañada, 1987) que Celso Diego Somoano -muy apreciado último cronista oficial de Cangas de Onís- siempre apuntaba la idea de una relación surgida a través de la familia Miyar, de Corao, uno de cuyos miembros tuvo una librería de viejo en Madrid y que sería ahorcado por liberal. En una casa muy próxima a la de Frassinelli en Corao, vivía Benjamina Miyar, la cual poseía casi todos los dibujos que se conservan en Asturias del que conocemos como “el alemán de Corao”.

La amistad entre el obispo Benito Sanz y Forés y Roberto Frasinelli fue muy sólida, confiándole el primero los mejores proyectos para Covadonga: la basílica y las capillas de la Cueva y del Campo.

En 1870, el obispo acordó con Frassinelli dejar la Cueva abierta al exterior, dando preeminencia al paisaje. De modo que en 1874 se comenzó a levantar el camarín de la Cueva según los bocetos y detalles de Frassinelli; increíblemente se concluyó la obra en poco más de cuatro meses, entre el 29 de abril y el 6 de septiembre. Una capilla que parecía una especie de miniatura de edifico medieval, en estilo neoasturiano. Se cree que el apostolado de la arquería superior del imafronte habría sido tallado en madera por Hermógenes Fdez. Cabal (1828-1904), natural de Cofiño (Parres), a quien Alfonso XIII condecoró con la Cruz de Isabel la Católica, por la Cruz de la Victoria que había tallado con madera del anterior templo de la Cueva. Las Academias de Bellas Artes y de la Historia fueron críticas con el camarín ya concluido. Con un solo día de diferencia se inauguró la Capilla del Campo, muy sencilla, y cuya finalidad era la celebración ante la misma de los actos litúrgicos a los que acudían cientos de peregrinos, especialmente en septiembre, para los que no había cabida en la Cueva. Hay pocos datos sobre esta capilla, levantada en dos meses; tal vez albergase otra imagen de la Virgen de Covadonga cuya iconografía pudiera no ser la misma que la de la Cueva.

Y la gran obra pendiente era la basílica, a levantar en el cerro del Cueto, que hubo que truncar y vaciar. Gran despliegue de medios económicos y materiales se emplearon desde sus inicios, pero se trabajaba sin planos, sin disponer de los preceptivos trámites de aprobación de la Real Academia de Bellas Artes y la Comisión Provincial de Monumentos. Esta falta de planos, los conflictos de competencias y los ataques de los enemigos de Frassinelli en el sentido de que no era arquitecto, acabaron con su despido y sustitución. Sólo el canónigo Máximo de la Vega sirvió de “enlace” entre el proyecto abandonado y el nuevo; este canónigo fue un personaje especial, precursor de la construcción de la carretera a los Lagos, donde tenía una cabaña, e incluso una barca en el lago Enol. Cuenta la antes citada Mª Cruz Morales Saro que el “alemán de Corao” había presentado dos proyectos de basílica cuyos bocetos se conservan; el primero de ellos con detalles del románico y muchas referencias a la arquitectura lombarda del norte de Italia, con pirámides de base octogonal para las dos torres. En 1877 presentó su segundo proyecto con cuatro torres, sometido a la aprobación del rey Alfonso XII en su visita a Covadonga para colocar la primera piedra del templo, cuyo presupuesto era de cinco millones de pesetas. Después, el obispo fue trasladado a Valladolid, las obras se detuvieron durante dos años y la basílica, tal y como hoy la conocemos -en estilo neorrománico- fue obra del arquitecto Federico Aparici y Soriano. En la cripta -ya concluida por Frassinelli- se empleó piedra de las canteras de Triongo, primero, y de Peñalva, después.

En los cinco años siguientes fue condenado al ostracismo, tras una ofensiva bien organizada, y no se volvió a hablar de Frassinelli hasta su muerte en 1887, siendo enterrado en el cementerio de Abamia.

Decía Luis Menéndez Pidal que con la sola intervención creadora de Roberto Frassinelli, el resultado final de la basílica hubiese sido más afortunado que el que llevamos viendo desde hace ciento diecisiete años, pues su revisión concluyó con un resultado un tanto complicado y falto de unidad; pero en este tipo de apreciaciones cada uno tiene sus gustos y preferencias.


Francisco José Rozada es el Cronista Oficial de Parres.

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