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Hartos de campaña electoral

  • En Londres, la campaña electoral consiste en la información que el candidato envía a la casa de los electores, con su programa y alusiones al de la competencia

Isolina Cueli, 21 Junio 2016

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Diferentes tonalidades de los sobres para votar al Senado. Diferentes tonalidades de los sobres para votar al Senado.

Estaba en Londres la semana en la que fue elegido alcalde el laborista Sadiq Khan, abogado, musulmán, de 45 años, e hijo de emigrantes paquistaníes. Llegué el 3 de mayo y para practicar mi inglés, todos los días leía la prensa gratuita que reparten por la calle. En ningún momento vi alusiones a la campaña electoral, ni me salían al encuentro las caras de los candidatos, pegadas en las farolas, o en las paredes del metro. A efectos de una recién llegada como mi compañera de fatiga Nelsa Seijo, o como yo, allí no se veía ambiente electoral por ninguna parte.

El 6 por la mañana, día de las votaciones, mi amiga María José me envió un mensaje desde Liñero (Villaviciosa), para comentarme que estaba de elecciones de alcalde. Era la primera noticia. Y si, efectivamente, había elecciones, pero de otra manera.

En Londres, la campaña electoral consiste en la información que el candidato envía a la casa de los electores, con su programa y alusiones al de la competencia. Dan por hecho que la gente sabe leer y tiene su propio criterio. Además, evitan ensuciar las calles y ahorran dinero público. Como contrapunto diré que votó menos de la mitad del censo y eso también chirría. La campaña sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea, que les costó la vida a la diputada laborista Jo Cox, es otra historia.

Todo este preámbulo me viene a cuento para contrastar lo vivido en Inglaterra con lo sufrido en España. Aquí llevamos décadas en campaña electoral. Además de enviarnos las papeletas a casa, con un resumen del programa, los políticos no descansan ni los fines de semana, para suerte de los periodistas que llenan minutos y páginas con tonterías, y para desgracia nuestra. Se pasan el tiempo de mitin en mitin, a ver quien da más, cuando saben que lo único que pueden hacer es limpiarnos más el bolsillo, sino, ¿de dónde van a sacar el dinero?.  También saben que en el caso de la tele o la radio, las palabras se las lleva el viento, y en el periódico, el papel lo aguanta todo y por eso dicen los que les apetece.

Marta Alicia Ivancovich, argentina de visita en Asturias, estaba interesada en hablar connmigo de la situación política en España y yo no sabía por donde empezar. No tengo palabras para describir el callejón sin salida en el que estamos por la ineptitud y la mezquindad de cuatro iluminados.

De acuerdo con mi consigna de espíritu crítico, tendría que empezar por decir que somos los ciudadanos, o la ciudadanía, como nos llaman los políticos, los responsables del desatino. ¿Cómo es posible que en casi cuarenta años de práctica democrática no hayamos aprendido a votar?. No sé quien nos tendrá que decir que hay que ser prácticos, que las ideologías -aquello de derecha/izquierda- ya no existen por mucho que nos digan que sí, que el romanticismo se acabó en  el siglo XIX. Tenemos que pensar qué nos conviene a nosotros, no a los políticos.

Reconozco que cuando era joven votaba con el corazón, pero hace tiempo que voto con la cabeza. Voté por ideología; por confianza en la persona que encabezaba la lista; por aburrimiento. Hasta voté con la nariz tapada por aquello del pragmatismo. Y confieso que en una ocasión no voté. Mi voto nunca estuvo prisionero de nada ni de nadie. Tampoco es que vaya con los de la feria y venga con los del mercado, eso es grave. Tengo criterio, sentido común y la mayoría de edad suficiente para saber quien me engaña con mensajes que no va a poder cumplir.

A los políticos les interesamos ciudadanos analfabetos y sin espíritu crítico. Y casi lo consiguen. No hay más que ver las programaciones en las televisiones, que están ahí en las casas, como una matraca, inoculando en la gente grandes dosis de ignorancia y desasosiego, en especial las tertulias políticas, que son la mayoría.

Y, por todo lo dicho, para concluir, si usted estimado lector o estimada lectora,  tuvo la paciencia de llegar aquí, quede claro que no pido el voto ni a favor ni en contra de nadie. Yo, como los británicos, doy por hecho que todos sabemos leer, escuchar y decidir.

(PD. Si usted quiere votar en secreto, al menos para el Senado, coja las papeletas en el Colegio Electoral. Cada partido tiene una tintada distinta del color sepia para los sobres y papeletas y si usted lo lleva de su casa, más de uno sabrá, de antemano, a quien está votando.)

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