opinion | FRANCISCO ROZADA

Memorias del concejo de Parres (1835-1985) - I

  • Es como volver hacia atrás en el túnel del tiempo parragués y encontrarse con miles de aconteceres, sucesos, incidencias...

Abrimos, desde hoy, el archivo general de actas municipales que conservamos en la Casa consistorial de Arriondas desde 1835. Adentrarse en sus libros es como volver hacia atrás en el túnel del tiempo parragués y encontrarse con miles de aconteceres, sucesos, incidencias, debates, resoluciones  y vivencias de todo tipo. Absolutamente todo cuanto de positivo y de negativo ocurrió en nuestro concejo a lo largo de esos 150 años.

Son más de 5.000 actas redactadas por los sucesivos secretarios que asistieron en persona a las deliberaciones de tantos alcaldes, concejales, mayores contribuyentes y vecinos, reunidos en el ayuntamiento. La selección de temas es obligatoria, pues, de lo contrario, un análisis detenido de sucesos resultaría interminable. De modo que, a lo largo de las próximas semanas, resumiré aquello que considere sea de interés para los lectores, bien por su novedad, bien por la sorpresa que les pueda causar, al igual que le ocurrió a quien redacta estas líneas.
En 1834 los archivos estaban en total abandono y deterioro, hasta que llegó el secretario José Antonio del Valle (que durante muchos años nos acompañará). Era alcalde Manuel de Santos y le sustituyó, en 1835, Rodrigo González. No se utilizaba por nadie otro topónimo que no fuese Las Arriondas (excepto este mismo secretario, que utilizó en todas sus actas Las Arreondas, entre 1836 y 1839). Y, después, siguió siendo Las Arriondas durante setenta años más, hasta comienzos del siglo XX. Otros alcaldes, entre 1835 y 1845, fueron Felipe Miyares, Alejo González, Fernando González, Manuel Miyares, Manuel Fondón, Francisco Amor y Ramón Inocencio del Valle. Más o menos uno por año. Ya en 1835 el Ayuntamiento solicitó al Gobernador el traslado del mercado semanal de los sábados desde Llames de Parres a la Villa, capital del concejo, por estar intransitables aquellos caminos, pero los vecinos de Arriondas tuvieron que esperar algunos años más hasta conseguirlo. Al inicio de cada año se nombraban celadores de montes en cada parroquia, así como un inspector general de puentes y caminos, con un capataz en cada parroquia. El alcalde Manuel Fondón ordenó hacer inventario de todas las alhajas y ornamentos de las iglesias del concejo, que no eran pocos. El 90% de los mismos se perderían cien años después, en la Guerra Civil; pero hay pequeños “milagros”; por ejemplo, en la sacristía de cierta iglesia de un pueblo del concejo sigue colgada de una percha una casulla verde, donada a la patrona y titular de la parroquia en 1742. Que lleve allí, intacta, 275 años, junto con un muy antiguo cáliz de plata, parece increíble, cuando hasta los archivos eclesiales completos de alguna parroquia (como Viabaño) acabaron en el Rastro. Por aquel tiempo no era festivo el día 1 de enero, ni tampoco el día 6, pues algunos años había pleno municipal (que solía durar cuatro horas) en la mañana de esas jornadas, hoy tan celebradas. Entretanto, ya en 1845, se buscaba sitio apropiado para colocar la barca de Arobes, pues el que había era muy peligroso; el cirujano don José Blanco percibía 100 ducados por asistir a los enfermos pobres (“y si no lo hace que se le descuenten 20 ducados por cada uno que no visite…”). Terminamos hoy buscando a uno -que había sido concejal- y que, el 12 de septiembre de 1845, robó parte de la piedra labrada del antiguo ayuntamiento de Cuadroveña y se la llevó para su uso privado, según la acertada denuncia de los propios vecinos de la que fue capital del concejo de Parres durante más de dos siglos.

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