Nació el grupo “Selleros” apenas hace dos años con el deseo de recuperar el espíritu y la esencia -en buena parte perdidas- de la Fiesta de las Piraguas. Su intención era y es movilizar a los parragueses, sobre todo a los vecinos de Arriondas/Les Arriondes, para que se implicasen de lleno con esta fiesta tan asturiana como internacional. Loable propósito el suyo y bien encaminado, pues en tan poco tiempo su huella está dejando muy evidentes y positivos signos de conseguir lo que pretendieron al nacer.

Su referente es el “padre de las Piraguas” Dionisio de la Huerta Casagrán, catalán de nacimiento, pero tan asturiano de sentimiento y de corazón como su primer apellido (su padre Manuel era de Coya-Infiesto, lo mismo que sus abuelos paternos Tomás y Josefa). Un colectivo, el de “Selleros”, cuyo espíritu festivo quiere recuperar esencias perdidas, al mismo tiempo que arropar el Descenso con innovaciones que animen a sus ya muchos socios y seguidores a colaborar en esta tarea estival. En ello están dando pasos de gigante (como los gigantes y cabezudos que el mismo Dionisio encargaba hacer en Barcelona para que desfilasen en las Piraguas). Ellos se preocupan para que balcones y ventanas de la villa parraguesa vuelvan a lucir con la decoración propia de la fiesta, banderas de Asturias y de España, de los países participantes o la propia bandera con los cinco colores representativos del Descenso (la cual había caído en el olvido, aunque ya fue diseñada hace 62 años, según las actas que se conservan). El atuendo típico de Piraguas: chaleco, montera y collar vuelven a ser reivindicados y vistos en las calles de Arriondas y Ribadesella (sin olvidar a Infiesto y a Cangas, entre tantos otros pueblos, villas y ciudades que acuden al Sella). “Entaína”, en Ribadesella, está en la misma línea.

A esta tormenta de ideas también se ha sumado la Asociación Amigos de Dionisio de la Huerta, en su afán de que no se pierda la raíz y el alma de la Fiesta de las Piraguas de Asturias. Mención aparte se merece en Arriondas   “l´allume”, en la medianoche del viernes al sábado, un recuerdo y memoria emocionantes (en forma de multitud de luminarias flotantes sobre el río) de los que estuvieron con nosotros en pretéritos tiempos y pasaron a otra dimensión desconocida para los que aquí quedamos, amén de tantos otros esparcidos por el mundo a quienes les gustaría acompañarnos en esta celebración pero que, por razones de trabajo, salud y tantas otras, permanecen en la distancia. Sí, una emotiva memoria de los ausentes. Además de ser imprescindibles en el “entierro del salmón” -en carnaval- otras iniciativas tienen en marcha “Selleros”, como el taller de percusión iniciado hace seis meses. Ellos acaban de iluminar el puente de salida en su parte inferior (de la superior está ya todo dicho… entre el enfado y el agotamiento general).

Capítulo aparte merece el enorme mural compuesto a modo de mosaico, con la representación de las banderas de tantos países participantes a lo largo de ya casi 80 descensos. Una idea muy aplaudida con la que colaboramos gustosos casi dos centenares de vecinos, socios y amigos de “Selleros”. Dará vida, color y sentimiento al muro de la antigua zona de “El Barco” y recordará durante todo el año el Descenso del Sella. Fue ésta una idea que salió de la “carpeta de proyectos” que Agustín Aramburu suele llevar encima, y que él mismo puso en marcha y dirigió con la palabra y con sus propias manos. Del memorándum de bocetos, diseños y propósitos de Agustín saldrán aún sorpresas tan atendibles como plausibles. 

Fran Rozada es el Cronista Oficial de Parres 

 

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