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Ser empresario en España

Borja marquez Borja Márquez.

El Estado, los empresarios y los autónomos

 

Un docto erudito, hace un porrón de años, escribía esto, muy válido para tipos como yo. Y decía así:

“Cuando quieras emprender algo, habrá mucha gente que te dirá que no lo hagas; cuando vean que no te puedan detener, te dirán cómo lo tienes que hacer; y cuando finalmente vean que lo has logrado, dirán que siempre creyeron en ti”.

La administración divide a las empresas en función de su tamaño. Las empresas muy grandes, por mi llamadas empresonas (Arcelor Mitall, Renault, Carrefour, El Corte Inglés, etc.), las medianas tipo Central Lechera, Alsa y otras, y las pequeñas como Luminosos Ales, Zitrón. Por último, los autónomos, de uno, hasta pongamos 15 trabajadores.

Las primeras tienen una particularidad especial: son los putos amos, tributan por lo que les viene en gana (tienen a muchos exministros de Hacienda de asesores, a millón de euros cada trimestre).

Las segundas se recatan algo más, pagan lo justo tirando a menos y amenazan al gobierno diciendo si no me das esto, echo de una tacada a 1.000 a la calle.

Las pequeñas, ya no tienen tanto volumen para echar gente, hacer ERES y eras. En éstas, los inspectores de Trabajo y Hacienda ya pueden ir haciendo inspecciones, sin pasarse mucho.

Y los autónomos. Pobres. Son sujetos pasivos, presuntos defraudadores. Les asesoran pequeños gabinetes de Laboral y Fiscal, y a la mínima de cambio el inspector te espeta: “si no le va bien, cierre”. Y muchos autónomos cierran. El del bar; taller de coches o electrodomésticos; empresas de limpiezas locales, todos se rigen por una máxima para el Estado: “si no les va bien que cierren”. Y vaya si cierran. Pero esta golfería mandante, cuyo denominador común es ser gentecilla, que en la vida valen para muy poco, no se quieren dar cuenta que el 90% del tejido empresarial en España depende de los autónomos. Y los autónomos no se quieren dar cuenta que si se unieran, esta golfería que manda los inspectores a escudriñar al pequeño empresario, no les podría decir lo de: “si no le va bien cierre”.

Uno, empresario y periodista, sabe de sobra de lo que habla. De ahí el poco respeto que me inspira un político, no por nada, porque cuando comenzó la democracia los veía como gente que se entregaban a la gente para que ésta tuviera unas condiciones de vida mejores.Ya..., digamos que esa percepción se me fue esfumando hasta que vi como un indocumentado mandaba en Asturias. Mandaba no, robaba haciendo un daño tremendo a la mio tierrina. Ahora, que más me da que Villa esté cercano a la trena, o se demuestre que Rato era un golfo y lo que queda por salir. Este par de golfos contribuyeron de manera importante a hundir Asturias. Son los políticos los que ponen a los jueces que más mandan. Me pierdo y vuelvo al empresario de verdad, al autónomo, que son la mayoría de mis parroquianos. Para los de las empresonas un autónomo es sujeto a explotar.

Pero ese Estado, que no cree en los emprendedores, y riega dinero público a las empresonas, cuyo retorno rara vez revierte en algo positivo y bueno para la sociedad. Ojo que estoy escribiendo de las empresas montadas con Fondos Mineros por ejemplo, donde mucho gobernante y partido político y sindicato se forró. 

Un autónomo, siempre inspeccionado y sujeto pasivo, ni tiene vacaciones, ni na de na. Y si es autónoma  y da a luz, o lleva a su hijo a su pequeño negocio,  que se ponga en lo peor. Ni vacaciones,  ni días festivos ni nada. Eso si, inspecciones fiscales, de trabajo, de la Seguridad Social. Eso las que quiera.

Y si quieres poner un negocio, la Oficina Técnica de los Ayuntamientos tarda un año en darte la licencia. En Oviedo es así y en Parres por el estilo. Pero luego las diferentes administraciones están para poner pegas al empresario. Pues que siga el paro, a la salud de nuestros poco operativos políticos a sueldo de oro. Fíjense cómo será, que en Cataluña, sin gobierno más de un año, siguen funcionando. Por mi que echen a toda esta chusma política y los alcaldes de ciudades y pueblos pequeños, que pongan proa a los funcionarios que no funcionan. A un empresario que va al Ayuntamiento para poner una empresa, lo primero que tienen que hacer es invitarle a un café y darle la enhorabuena. Luego todo facilidades. Por poner un ejemplo, todo lo contrario de lo que pasa en el Ayuntamiento de Parres, donde la Oficina Técnica está para marearte y no poner una empresas ni construir una casa. Y eso lo saben alcalde y concejales. Pero ellos cobran de los impuestos y contribuyen cada vez más a que las cifras de paro aumenten. Pues nada, ya van viendo como estos monosabios que mandan, le mandan al inspector incluso los domingos para ver cómo le echan la multa correspondiente para que al final cierre. Estamos gobernados por golfos consentidos, iletrados e incapaces de hacer nada, salvo cobrar una pasta mensual por aparentar. Así nos va, queridos pequeños empresarios. Nunca se olvide el del bar, el tallerín o el restaurante, que él y solo él, es el que paga para que esta mangantería mandante viva como reyes. A veces nos enteramos que las tarjetas de Bankia se utilizaron en clubs, seguramente se referían a puticlubs. Y en algún conocido caso de Oviedo ponía: putas y varios.

Ser empresario en España es cuestión de bobos y héroes.

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