Juan Dalmau: el valenciano que fotografía el Oriente de Asturias

  • «Aquí me he encontrado con una Asturias abierta y acogedora que engancha»
Juan Dalmau

Un fotográfo valenciano enamorado del Oriente de Asturias

 

La primera vez que Juan Dalmau hizo una fotografía fue con 13 años.

Miró por el objetivo de la cámara de su padre, disparó y se enamoró del gesto. Luego, cuando reveló aquel carrete y observó el resultado, comprendió que muchas de las cosas que llevaba dentro, su manera de ver y sentir el mundo, se expresaban mejor con aquellas fotos que con cualquier descripción narrada. Comprendió que mediante ese medio podía ahondar en las sensaciones que entraban a través de su retina, hasta lo más profundo de su alma, formando recuerdos e ideas.  


Así, durante años,  este valenciano –actualmente afincado en Cangas de Onís- plasmó su amor por la naturaleza y por la ornitología viajando, cámara al hombro, por lugares lejanos y cercanos.  Dejando constancia de sus sensaciones en imágenes impresas y, después, en tarjetas de memoria, megas y gigas.
En el año 2001, ya casado y con un hijo, el atentado de las torres gemelas en Nueva York le obligó a cancelar un exótico viaje, que fue sustituido por una ruta en coche recorriendo el norte de España. Al llegar a Asturias, concretamente a la zona oriental, el mismo chasquido de aquella primera vez que disparó con una cámara rechinó en su cabeza. «Fue como un flechazo» -relata- «no sé que tiene esta tierra, este lugar, pero es algo que te atrapa».

Aquel viaje lo cambió todo. Y la idea de instalarse en Asturias, cambiando de vida, se hizo cada vez más fuerte hasta que, en el año 2003, se convirtió en real.

Han pasado 16 años desde entonces. Sus paseos por los Picos de Europa, por Peloñu o Sobrefoz podrían contarse por miles. Las fotos atesoradas en esos paseos, muchísimas más.

 

 


«La montaña es un lugar que nos hace plantearnos cuestiones sobre nuestra perdurabilidad o sobre la importancia de nuestras ideas. Un lugar para reflexionar sobre nuestra verdadera dimensión en el mundo y el orden de importancia que en el ocupamos. Un lugar que induce a ser más modestos, que tiene la capacidad de despertar admiración, fascinación, ante hechos sencillos (…) Para mí la fotografía de naturaleza es un medio para llegar más lejos. Cuando buscó la composición de una imagen busco trasmitir también las emociones que experimento en ese momento (…) Las luces, el frío, las texturas, el sonido, los colores… trato de sentir el paisaje y trasmitir esas sensaciones a través de mis imágenes», cuenta Dalmau.


Alrededor de 600 de esas imágenes han quedado plasmadas en su producción “La Montaña íntima. Una mirada personal”, una proyección de fotos narrada que ya ha recorrido varios concejos del Oriente asturiano, emocionando a quienes la han visto. En ella, el recorrido fotográfico de Dalmau nos adentra en bosques, atardeceres en el Urriellu o noches estrelladas en Ponga pero también a decenas de especies de aves, a la mirada de un jabalí, a pequeños insectos, al raposu, la curuxa, el urogallo…, a la rica y variada flora de este lugar.  Todo un canto a otra forma de vivir la montaña pero también un homenaje a esta tierra verde, en la que tan a gusto se encuentra. «Yo ya me considero de aquí, porque uno es de donde pace. A través de mis fotografías busco poner en valor todos los tesoros de esta casa que es Asturias, que debemos cuidar y proteger».

 

 


De todos los recodos y caminos que esta comarca atesora, se queda con los de Amieva y los de Ponga, «porque son dos zonas muy especiales que he recorrido mucho». De todas sus instantáneas, escogería una en la que captó a un urogallo, en un bosque de Ponga, «me quedo con esa porque me recuerda aquel instante: di con él por casualidad y regresé a los dos días con intención de volver a encontrarlo. Cuando estaba inspeccionando la zona, agachado en el suelo, de repente sentí una mirada clavada en mi nuca y al girarme vi a un precioso lobo que me observaba sentado. Me quedé extasiado y lo único que salió por mi boca fue una palabrota, que a él le espantó. ¡Le hice unas fotos horribles! Quizás fueran 5 segundos, no sé, pero a mí me pareció mucho más. Fue todo un regalo poder ver a un lobo tan cerca, un momento de emoción muy grande que siempre recordaré de forma especial». La única espina clavada de este (su) viaje por la Comarca Oriental asturiana, que empezó hace casi 2 décadas, es no haber tenido aptitudes para el retrato, «me hubiera gustado tener ese conocimiento para plasmar al paisanaje de estas tierras. Muchos hombres y mujeres con los que me encontré en algún momento y son las claves de la conservación de este lugar. Hay algo en la gente de aquí, tan hospitalaria, que hace al lugar diferente. Aquí me he encontrado con una Asturias abierta y acogedora que engancha».

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