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Tomás Fernández Buergo, maestro de pilotos

  • El aviador llanisco sumó más de 5.000 horas de vuelo en aviones militares,

El Fielato y El Nora, 09 Marzo 2019

tomás-fernández-buergo-piloto Dos imágenes de Buergo como piloto militar y civil.

Tomás Fernández Buergo, aviador llanisco

 

En los años setenta del pasado siglo, un chaval de Llanes lograba entrar en la Academia General del Aire. Brillante estudiante y un aviador de élite. Fundador e impulsor de la única patrulla aérea de carácter civil de España –Jacob 52–  y con una trayectoria impecable. Él no es un piloto. Es mucho más que eso: es un aviador y maestro de pilotos.

Piloto militar y civil. Más de una docena de aviones caza pasaron por sus manos y varios civiles también. Hizo más de 5.000 horas de vuelo en aviones militares, del que el Phantom fue su preferido, y le dejó muchos y muy agradables recuerdos. Podía plantarse en su Llanes natal en cinco minutos desde su base de Torrejón, en Madrid.

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– Ser un chavalín de Llanes y querer ser piloto no es muy corriente.
– Desde niño miraba cada vez un avión sobrevolaba Llanes. En Cué había un campo de aviación y yo soñaba con ser piloto. Pero no tenía ni idea dónde se estudiaba, ni cómo había que hacer. Un ingeniero aeronáutico me lo explicó: “tienes dos maneras de hacerte piloto: o que tus padres paguen un dineral y te vas a Estados Unidos a hacer un curso. O ingresas en La Academia General del Aire”. Como mis padres no disponían de tanto capital, la opción de hacerme piloto militar era la que quedaba. Había que preparar una oposición a la que normalmente se presentaban más de 4.000 aspirantes para unas 50 plazas. Siempre fui buen estudiante y lo que normalmente otros hacían en cinco años, yo lo hice en dos. Y a la Academia General del Aire llegaba yo en el año 1972.
En la Academia de San Javier, en Murcia, sobresalía por su destreza a la hora de volar aquella primera Bücker. Ya apuntaba maneras. Luego en las asignaturas teóricas en los otros cuatro años de carrera también destacó. «Las matemáticas y la física se me daban muy bien, al igual que otras muchas más asignaturas. No era fácil, había que estudiar mucho. Pero yo quería ser piloto. Dejar de hacer aviones de papel y volar en aparatos de verdad».

Usted no se conformaba con ser un piloto de los del montón.
– Pues no. Se me daba muy bien volar, por eso siempre estaba entre los primeros. Una vez que terminó mi carrera de piloto militar, ya teniente, pasé a pilotar más de una decena de cazas. Pero sin duda el Phantom me dejó un gran recuerdo. Daba 2,33 Mach. Para que me entienda, unos 2.550 Km/hora y tenía una potencia brutal. A pesar de la nueva  tecnología del avión supersónico de caza F-18  alcanzaba solo  2.000 Km/hora. El Phantom era bastante más rápido.

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El Yak 55 del comandante Buergo en La Morgal.

Tiene en su poder la medalla al mérito aeronáutico. Pero a los pilotos de cazas, los jubilan demasiado pronto. A los 36 años, a Tomás ya no le asignaban más aviones de combate y lo mandaban a un despacho, cuando ya era casi Teniente Coronel del ejercito. «Lo mío era volar y entonces fiché por Air Europa, aunque en principio lo iba hacer por Spanair. Aquello no era lo mío. Al año de ser comandante de línea aérea pensé en dejarlo, pero me vino a la cabeza hacer una patrulla aérea de acrobacia que era lo que me gustaba. Con el Yak 52, un avión de entrenamiento de pilotos de fabricación rusa, volvía a mi mundo».
En Air Europa, se ganaba muy bien la vida y se podía permitir tener su avión para seguir surcando lo cielos como siempre. «Haciendo acrobacia me sentía fenomenal». A día de hoy tiene su precioso Yak 55 monoplaza en La Morgal y en Madrid un Yak 52 biplaza.

Ya en Llanes conoce a la que hoy es su pareja, de nombre muy familiar para todos los que vivimos en esta maravillosa Comarca: Marián García de la Llana que es vicealcaldesa en Llanes por Foro Asturias y casi tiene tanta afición a los aviones como Tomás.

 

Pasión por volar (por Borja)

 

Hace unos días una llamada de mi hija María me avisa que tengo que conocer a una persona que me encantará. Es un piloto de cazas, y también de líneas aéreas. Y ye de Llanes. Ta bien. Lo conocí en compañía de su pareja, Marián García de la Llana, actual vice-alcaldesa de Llanes y nieta de empresario de los autobuses con mayúsculas, Sacramento de la Llana, Mento. Para los parroquianos despistados, De la Llana era un fenómeno y dueño de la mejor empresa de autobuses de la comarca, antes de vendérsela a otro grande del transporte de viajeros por carretera. Don José Cosmen Adelaida –dueño de Alsa– tuvo que luchar con Mento, porque era tal su calidad humana,  que no le importó perder dinero en la venta de sus autocares a Alsa, para que fueran respetados todos los derechos de sus trabajadores. Tal es así, que en Alsa eran conocidos por los de “Mento”. Entre otras cosas, porque sus sueldos y condiciones de trabajo eran mucho mejores que los de los demás empleados de Alsa. Todos los años los antiguos trabajadores de la empresa del de Borines celebran una reunión recordando a su jefe: un EMPRESARIO DE VERDAD.

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Fernández Buergo con su F-18 cargado con 24 bombas de 250 kilos y dos misiles.

Tomás Fernández Buergo (pareja de la política de Foro Asturias en Llanes y nieta de Mento) es un hombre que luchó y estudió lo que no está escrito en los papeles para, no solo ser piloto de cazas, sino probador de los mismos. A ese puesto solo acceden los mejores de los mejores. Pero para desarrollar esas complicadas y arriesgadas misiones, tienes que ser joven. Ser piloto de pruebas de un avión que alcanza velocidades superiores dos veces la del sonido, no es tarea sencilla.
Allá por los años 90 del siglo pasado, al de Llanes lo “jubilan” de aquellos vuelos tan apasionantes como arriesgados y le proponen para el ascenso a Teniente Coronel, pero ya sin volar esos aparatos de los hoy sigue hablando como un auténtico apasionado. Y entonces, ¿qué hace una persona que llegó a los máximos escalafones dentro del mundo aeronáutico militar si quiere seguir ejerciendo su pasión por volar? Pues pasarse a una compañía de vuelos de líneas. Vamos…, algo así como ser piloto de fórmula uno y convertirse en chófer de aviones. “No era mi sitio –comenta Buergo– y tras un año en Air Europa pensé abandonar”. No me extraña, las sensaciones de un avión de línea y su pasión por los aviones de combate, no tienen nada que ver. “Menos mal que se me ocurrió crear junto con otros amigos pilotos la única asociación civil de acrobacia de España con los Yak 52. Eso me salvó la vida”. Y ahí lo tienen, volando aviones, dando piruetas y surcando los cielos de manera magistral. A alguno de los magníficos pilotos de su patrulla tuve el honor de conocerlos y son casi tan buenos como él.

Gracias maestro, por haberme enseñado tantas cosas. Si se tercia algún día volaré contigo, aunque para ello tenga que viajar a Madrid. Su avión biplaza de la patrulla Jacob 52 está en un aeródromo que en nada me es ajeno: Casarrubios del Monte era el aeródromo que solía utilizar cuando atravesaba España. Qué tiempos aquellos. Ahora quizás un día vaya con Tomás a hacer piruetas en un avión. Es su pasión. La mía no tanto. Me da miedo la acrobacia y de momento no me gusta nada de nada. Pero igual él me enseña también a volar en invertido, hacer barrenas y todas esas cosas que hacen solo unos pocos. Los mejores.

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