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Pasión por la enseñanza el libro del paraguas José María Rozada

  • "El espacio del aula debe de ser confortable, como el de cualquier trabajo. Yo siempre he huido del encierro del aula"
  • BORJA

El Fielato y El Nora, 19 Diciembre 2018

José María Rozada en un momento de la entrevista

Entrevista con José María Rozada

 


La cita con José María Rozada es en casa del Cronista oficial de Parres. El autor del libro “Enseñar, y pensar la Profesión. Autobiografía de un docente”, una gran persona que sabe de enseñanza lo que no está escrito en todos los encerados de España y que encima es un hombre bueno. Charlamos de su libro, de lo que es trabajar en lo que te gusta y de que te paguen por hacerlo. También de sus cien años de vida laboral (70 horas semanales) condensados en cuarenta de vida que dedicó a la enseñanza. Pero una enseñanza tan especial que daba clases a profesores para que, a su vez, dieran clases magistrales de Geografía.


¿Cuántas horas trabajaba a la semana?
– Entre lectivas y de preparación en casa, unas setenta sin exagerarle nada.


Usted empezó un Bachillerato Laboral que le permitía terminar con un oficio o bien pasar a la escuela de Magisterio ¿Una especie de, lo que hoy tanto se habla, formación dual?
– Por mi experiencia, hacer un Bachillerato Laboral fue muy enriquecedor. Desde un punto ideológico es muy defendible, yo creo que fue un error eliminar los bachilleratos laborales.


¿Están bien formados hoy los licenciados en Ciencias de la Educación?
– Salen mucho mejor formados que yo en mis tiempos, pero sigue estando pendiente la relación de teoría con la práctica.

¿Cree que ser un profesor interino es un fraude?
–La interinidad es una situación de precariedad  que  no permite desarrollarse laboralmente.

En otra parte de su libro escribe que hubo un momento que llegó a pensar en dejar la Escuela y hacerse, por ejemplo, profesor de auto escuela.
– Fue un momento en el que coincidieron diversos factores. Me tocaba dar clase en Sama de Langreo. Me deprimía viendo aquel lugar tan oscuro, con ríos de color negro, yo, que estaba acostumbrado a los ríos transparentes de la zona del Oriente de Asturias. Y además me tocaban niños muy pequeños, lo que me llevó a pensar que aquello no era lo mío.

En su libro siempre define el espacio, la luz y cómo tiene que estar dispuesto el mobiliario. ¿Cuál es el motivo de su importancia?
El espacio del aula debe de ser confortable, como el de cualquier trabajo pero, si vamos un poco más y hacemos una interpretación más psicológica, yo siempre he huido del encierro del aula. Cuando era niño no me gustaba la escuela encerrada y cuando más disfrutaba era yendo y viniendo a la escuela. El aire libre que respiraba de la que iba y de la que venía.

Conoció a Areces y a Trevín, dos profesores como usted ¿Qué opina de ellos?
– Nunca los traté en su vertiente como docentes. Primero los ví como una oportunidad para el sistema educativo en Asturias, pero luego enseguida me di cuenta que hacían una política muy seguidista de Madrid, con las reformas que venían de allí,   por  lo que  muchas ideas que estábamos manejando aquí en Asturias -que se podían haber cercenado más-, quedaron limitadas a las políticas que se hacían desde la capital. En ese sentido me defraudaron.

Se define mal estudiante en sus comienzos, de los que estudiaban para pasar el curso y poco más. Después, ya trabajando, a sus veinticuatro años y a punto de ser padre, se pone a estudiar Filosofía y Letras en la rama de Geografía. ¿Cómo le fue en la universidad?
– A la Universidad desde fuera se le tiene mucho respeto. La Geografía fue uno de los hallazgos que hice en la universidad. En Magisterio, y también en la escuela y el instituto, había estudiado los ríos principales de España y del mundo. Sus afluentes, los océanos, los mares, los golfos, los cabos, etc. Es decir, los había estudiado sólo porque alguna vez iban a preguntarme por ellos. Sin embargo, no recuerdo haber escuchado antes de ir a la universidad que en la organización del espacio pueden leerse aspectos esenciales de la sociedad que lo habita. El caso es que, en la facultad, el saber de los geógrafos llamó pronto mi atención. El profesor Emilio Murcia me animó primero a ocuparme de la geografía económica y más tarde a investigar sobre el aprendizaje de los conceptos geográficos. Pero andaba uno muy atareado con y exceso de cosas al querer abarcarlo inabarcable, que no le hice mucho caso.
Al que si le hice caso, afortunadamente, fue al profesor D. Francisco Quirós, que un día, ya en quinto curso, fingiéndose más autoritario de lo que en realidad era, me dijo: “Póngase usted a hacer una tesina sobre la enseñanza de la geografía en España”. Ese fue el paso previo a la creación de una asignatura denominada Didáctica de la Geografía. Lo pensé unos días, lo consulté con mi mujer, acepté el reto y me puse a ello. Tras la tesina vinieron las clases en la Universidad como profesor asociado.

¿Cómo ve la escuela actual, con respecto a la que usted conoció hace cuarenta años?
La escuela en los siglos XIX y XX era una escuela para pensar y trabajar reflexivamente y la de ahora tiene un cambio muy acelerado. Hoy la Escuela es una institución en crisis. Cuidado…, porque alguna gente piensa que porque viene lo nuevo, la escuela tiene que cambiar. Con respecto a las nuevas tecnologías que tenemos ¿qué hacemos? ¿adaptarnos a ellas y hacerlo todo con imágenes, o tenemos que luchar contra ellas? Yo, en mis últimos años, opté por un tipo de enseñanza que se puede considerar más tradicional, es decir, por evitar que los alumnos se vayan detrás de la imagen exclusivamente, que es como regresar al paleolítico, como dice el profesor Giovanni Sartori. Pienso que se debe de seguir luchando por la palabra oral y escrita.

Charlemos un poco sobre otro de sus libros,  “Formarse como Profesor (Guía de textos para un enfoque crítico)”.
– No diré que sea el libro de mi vida, pero sus páginas recogen lo que eran mis pensamientos, mi práctica como docente y como formador de profesores. Mi idea al escribirlo era la de orientar a otros caminantes en la enseñanza, no la de dar pormenorizada cuenta de mis saberes, a pesar de tener su origen en uno de esos Proyectos Docentes que la tradición académica desvirtúa. Se vendieron más ejemplares de lo que suele ser habitual en ese tipo de trabajos didácticos muy especializados.

Actualmente el libro está descatalogado, aunque puede leerse en www.formarsecomoprofesor.es.
– El profesor Sergi Sánchez i Torres,  de Elche, me mandó un correo electrónico en el que me decía en alguno de sus párrafos, que en el último congreso había presentado una programación para 1º de Bachillerato basada fundamentalmente en este libro, lo cual me produjo una inmensa alegría, al saber que mi vida profesional le había sido útil.


Para terminar esta cálida entrevista hablamos de la prensa, de EL FIELATO Y EL NORA, que lee en La Fresneda (Siero) «aunque no mucho, debería leerlo más». Su hermano, Fran, le comenta que cuando publica artículos tienen mucha mayor repercusión que los que le incluyen en medios regionales.

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