Piloña | VILLAMAYOR

Bernardino Blanco Sánchez, un piloñés que huyó de la Guerra y nunca regresó

  • La familia de Bernardino, que huyó de la Guerra, tardó años en encontrarlo, hasta que supo que había muerto en un campo en Francia
María Luisa Blanco Sordía, Sonia Blanco Zarabozo, Félix Blanco Zarabozo, Genoveva Blanco Sánchez y Óscar Blanco Sordía, nietos de Bernardino.

Bernardino, un piloñés que nunca volvió

 


El nombre de Bernardino Blanco Sánchez está grabado en letras doradas junto al de otros 223 españoles que fallecieron en el campo de refugiados de Bram (también conocido como Pigne), que albergó a miles de exiliados, en el Sur de Francia, que huían de la Guerra Civil. Sus nombres se pueden leer en el memorial que los recuerda, un monolito a la salida de la localidad de Bram, junto a la carretera que lleva a Montreal, en cuyo cementerio están los restos de los más de dos centenares de republicanos que nunca volvieron a su tierra.

 

 

Óscar Blanco Sordía, Sonia Blanco Zarabozo, Félix Blanco Zarabozo, María Luisa Blanco Sordía y Genoveva Blanco Crespo, nietos de Bernardino, junto al monolito en memoria de los fallecidos en el campo de Bram.

Bernardino Blanco Sánchez nació en Villamayor (Piloña), el 12 de marzo de 1884, hijo de Blas y Ángela; allí regentaba un prospero negocio familiar de carpintería hasta que estalló la Guerra Civil. La prudencia y el consejo de algún amigo convencieron a Bernardino de que, para conservar la vida, lo mejor era salir de Villamayor, al menos durante un tiempo. Y allí dejó a su esposa,  a sus hijos y al resto de la familia. Como hicieran miles de españoles en aquella época, el piloñés cruzó los Pirineos a la espera de acontecimientos en España, una patria a la que, finalmente, nunca regresó.

La familia de Bernardino tardó muchos años en dar con su paradero, algo que indagaron nietos y bisnietos, hasta que dieron con el lugar donde reposan sus restos, en el cementerio de Montreal. El certificado de defunción expedido en Francia dice que falleció el 14 de marzo de 1939.
Desnutrición, enfermedades y muertes violentas fueron las causas principales del fallecimiento de los miles de los represaliados del franquismo que terminaron en los campos de internamiento en Francia, que llegaron a albergar a más de 550.000 personas.

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De pie y de izquierda a derecha: Félix Blanco Zarabozo, Óscar Blanco Sordía, Miguel Lorenzo Sánchez, Sonia Blanco Zarabozo, en el cementerio francés de Montreal.

La familia de Bernardino no le olvida, y en el cementerio de Montreal está colocada una placa con una fotografía suya, en la que aparece también una paloma de paz con la bandera de la República de fondo. En Villamayor, su pueblo natal, no hay recuerdo oficial alguno, ni se puso su nombre a ninguna calle cuando se redactó el callejero local. Una pena.

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