Cuando Dionisio de la Huerta perdió el Tren Fluvial

  • El Tren Fluvial se incorporó al Descenso en 1945

Esta entrañable historia del Descenso Internacional del Sella fue escrita por el que fuera uno de los más eficaces colaboradores de Dionisio de la Huerta, Lorenzo Cordero, periodista, y, en la actualidad, Cronista Oficial de Ribadesella, y fue publicada como suplemento del semanario local riosellano SOMOS, en el año 1959, del que era director, redactor y lo que hiciera falta.

Me tomé la licencia de añadir alguna aclaración (pasaron más de cincuenta años) y retoqué algún párrafo (prácticamente nada) para clarificarlo a los ojos del lector y sellero de hoy, por lo demás, sólo me queda agradecer a Lorenzo Cordero el que nos haya dejado este y otros cuantos recuerdos de aquellos Sellas épicos e ilusionantes de los inicios internacionales y que hoy tanto echamos en falta.

DE RIBADESELLA A LOS CAMPOS DE OBA

El Tren Fluvial constituyó, allá en los primeros años de su creación, (fue en 1945, segundo Descenso después de la Guerra Civil) una seria preocupación para los excursionistas, ya que, desconociendo la hora exacta de su salida desde Ribadesella para Llovio, ante el temor de perderlo, y con él uno de los momentos más divertidos de la Fiesta: la jira-comida en los Campos de Oba, las horas que mediaban entre el cierre del control de las piraguas vencedoras en la Meta y la salida del Tren para Llovio, resultaba un tiempo demasiado incómodo, intranquilo. Para evitarlo, Dionisio de la Huerta solicitó al Alcalde de Ribadesella, Sr. Saturno Barro, que se colocasen unas grandes pancartas en las que se dijera lo siguiente: “EXCURSIONISTAS, No os preocupéis por el Tren Fluvial, pues éste  no saldrá  hasta que las Bandas de Música desfilen por las calles de la villa”. Con esto queda resuelto, pensaba Dionisio, el problema de la salida para Llovio y la tranquilidad del excursionista.

Aquel año Dionisio desfiló al frente de las Bandas de Música. La gente estaba sentada en las terrazas de los cafés y los bares, o se paseaba por las calles, despreocupada. Dionisio les decía a todos: -¡Vamos para el Tren...! ¡El Tren va a salir...! Así una calle. ¡Al Tren! ¡Vamos al Tren...! Y otra calle. ¡El Tren va a salir! ¡ Corramos al Tren...! Y otra más.

Cuando Dionisio y las Bandas llegaron al lugar en el que debían tomar el Tren Fluvial, éste ya no estaba. Unos minutos antes, cuando Dionisio gritaba por las calles su “¡Todos al tren...!” éste había partido hacia Llovio con todos los excursionistas. Dionisio y las Bandas perdieron el Tren... Dionisio llegó a Llovio en un coche particular, cuyo dueño accedió a llevarlo. Dionisio entró en la Estación  hecho un basilisco. Y discutió con el Jefe por la salida anticipada. -¡Todas las Bandas de Música se han quedado en Ribadesella...! ¿Quiere usted explicarme qué hacemos ahora...? -Mire usted, dijo el Jefe de la Estación, yo se lo resuelvo ahora mismo. Y ordenó que enganchasen un par de vagones a la máquina, y que saliese hacia Ribadesella aquel improvisado convoy, para recoger a las Bandas y a todos aquellos que, rezagados, lo hubieran perdido. Dionisio regresó a Ribadesella con el Tren. Pero... en Ribadesella ya no estaban las Bandas de Música, puesto que habían salido para los Campos de Oba subidos en la caja de un camión. Por no quedar, ni rezagados había.

Y añade Lorenzo Cordero: El pedacito aquel de Tren Fluvial regresó a Llovio solamente con Dionisio de la Huerta como viajero. Ni un solo excursionista había perdido el Tren aquel año. Ni los cartelones encargados con tanta insistencia al Alcalde de Ribadesella habían sido colocados. Ni tan siquiera hechos.

Dionisio de la Huerta, el día en que perdió el Tren Fluvial, pasó la tarde haciéndose cruces por los Campos de Oba.

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