El Fielato | OPINIÓN

Reflexiones sobre el Descenso del Sella

  • Los “expertos” riosellanos llegaron a decir que los piragüistas eran “casi maltratados”
Leandro Cuesta recoge su trofeo de campeón en los Campos de Oba. Leandro Cuesta recoge su trofeo de campeón en los Campos de Oba.

 

Nadie que haya conocido y estudiado el Descenso del Sella, desde sus orígenes, podrá decir que el Sella era un derroche de asturianía. Ni monteras, ni chaleco. Durante décadas la música de los desfiles la ponían las Bandas de música, sobre todo militares. A todo más una o dos parejas de gaitero y tamboritero. El único que llevaba montera y chaleco era Dionisio de la Huerta. Los demás, con collar caribeño.  Fue con la llegada de la Autonomía, a principios de los ochenta, y estando ya de organizador del Sella, Emilio Llamedo, que se empezó a contratar grupos folclóricos, bandas de gaitas, charangas, volvieron los Tritones, aparecieron los Botijos de Cangas, y se incorporaron algunos “Reyes asturianos”. Aclarado este punto tengo que aplaudir el gran resurgimiento del Desfile de Piraguas de este año, donde los jóvenes “selleros” parragueses, con todo su montaje de piraguas y cabezudos, y los riosellanos de “antaína” se sumaron a “botijos” y Tritones, haciendo entre todos el mejor desfile vivido en décadas.

Los “expertos” riosellanos llegaron a decir que los piragüistas eran “casi maltratados”. Que había que hacerles recepciones oficiales, que si más  mimos etc. El Jueves de piragües, al sorteo de los puestos de salida, en Ribadesella, no acudió  casi ningún piragüista. Ni al izado de banderas autonómicas.- ¡Por Dios, Modino, prepara un poco los discursos!- Unos 70 deportistas se habían comprometido a estar presentes y se les preparó un pincheo, del que dieron buena cuenta algunos aficionados y cero piragüistas. 

La parte deportiva tiene su momento y la festiva el suyo. Los selleros disfrutan de las dos partes desde siempre. Es como si se pretendiera que en los Sanfermines, después de los cuatro minutos de encierro, se acabara todo. Dicen las estadísticas que a Pamplona acuden dos millones largos de personas. Está claro que en el recorrido de los encierros no se ven más de cincuenta mil, y exagerando. ¿Y el resto, no están de Sanfermínes? Pues como en el Sella, claro que están. Lo de que se habla más de la fiesta que de la prueba deportiva es rotundamente falso. Lo que ocurre es que la polémica siempre fue de la mano de la Fiesta de las Piraguas. Los medios de comunicación hablan y escriben más del 80% de la información sobre la prueba deportiva, sobre todo  al día siguiente del Sella, donde las páginas especiales del Descenso hacen ellas solas la mitad de los periódicos. 

Por cierto, el llamado “Descenso popular” del viernes fue vergonzoso, entre la escasa participación estaban Los Tritones, (no deberían prestarse a esa caricatura). Puedo asegurar que el puente de Arriondas estaba vacío. Patética la lectura, para nadie, de los versos de Dionisio.  Bochornoso un “Asturias Patria querida” sin alma. Una charlotada que los que amamos el Sella esperamos que no se repita. El Descenso popular es el día de las piraguas, lo demás es una burla a la historia del Descenso. Por otro lado, un 10 a la noche del Viernes en Arriondas. Las candelas iluminadas encendieron más de una lágrima. El Sella es también recuerdo y memoria.

Después está el “pánico” por  la llegada en masa de los jóvenes al Sella. Algunos vecinos de Arriondas y Ribadesella  no recuerdan que fueron jóvenes, y que sus borracheras, en “piraguas”, eran de exhibición. Se empieza colocando alguna valla de seguridad y se termina bunquerizando la villa de Ribadesella entera, como si vinieran los bárbaros. “Es que queda todo hecho un asco”, pues en Pamplona 10 veces más de basura, y todos contentos. 

Titu Manzano y yo habíamos tomado nota en Navia, en el 2011, del tema de los voluntarios. Teníamos en mente reinventar la tarde en los Campos de Oba, que todos los deportistas comieran juntos en la carpa, que fuera el momento del compañerismo, pero no pudo ser. Algunos iluminados, desde fuera, decidieron darle una “ostia” a Dionisio de la Huerta y otra a Emilio Llamedo y eliminaron la entrega de premios en los Campos de Oba. El CODIS cedió a la presión de esos iluminados y repartieron las sosas medallas en Ribadesella, lejos del calor de los que aman y viven el Sella, que sí estuvieron en Oba, y no en la otra orilla, en los Campinos, en otra decisión ridícula del Ayuntamiento  riosellano.

Por cierto, el Descenso Internacional del Sella fue un éxito deportivo de primera magnitud. Un espectáculo impresionante. Ese éxito, que no se olvide,  se debe también al CODIS. Todo aquel que trabaja merece respeto.

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